Monacato secular
El desierto es el lugar de la purificación, pero la montaña, segundo escenario espiritual del cristianismo, es el de la iluminación. Algunos AdD sienten una llamada específica a una mayor intimidad con Cristo y, en fin, a una consagración a este carisma, recogido en la llamada Regla de la Montaña, en donde se especifican sus siete prácticas monacales (las conexiones, el ayuno, la limosna, la hospitalidad, el acompañamiento, los desiertos y el vínculo) y sus siete hábitos cotidianos (el descanso, la higiene, el cuidado ambiental, las colaciones, el trabajo, el juego y la comunicación).
Para ellos, la jornada se articula en siete conexiones (inicial, corporal, silenciosa, mental, cordial, ritual y final); y el año en siete retiros o desiertos (ejercicios espirituales y semana formativa, entre otros), pues practican lo que llaman una fuga mundi intermitente, de subida y bajada de la Montaña. En medio de la secularidad, es decir, de la vida familiar y laboral, su monacato no es de separación, sino de integración.
El carisma identificativo de Tabor es la vida contemplativa en la propia vida cotidiana, con el desierto y amistad como votos fundamentales.
Si llevas más de dos años asistiendo a un seminario en AdD practicando la meditación diariamente, has hecho retiro de iniciación, retiro de profundización y ejercicios contemplativos, y crees que este podría ser tu camino, puedes pedir información sobre este proyecto de monacato secular escribiendo a tabor@amigosdeldesierto.org o a tabor.america@amigosdeldesierto.org, si vives en América.
