Amigos del DesiertoCiclo formativo de Amigos del Desierto en el que Santiago Beruete nos introducirá en el culto, cultivo y cultura de los jardines
En esta página iremos publicando semanalmente los enlaces a las grabaciones de las sesiones formativas, y cualquier otra información que sea relevante para el seguimiento del curso.
Sesiones grabadas:
- La metafísica de los jardines: entre Arcadia y Utopía.
- El jardín como metáfora visual del bienestar y el bienser.
- Humus, humano y humanidad: enseñanzas de hoja perenne.
- Redescubrir la experiencia contemplativa en la naturaleza: jardinosofía.
- El jardín de los muertos: el olvidado arte de criar malvas.
- Milenarismo climático y escatología cristina: fantasías distópicas y ecocidio.
- El jardín planetario y la cosmovisión biocéntrica.
- La ecología como religión laica emergente: verdolatría y ecotopía.
- La experiencia de lo sublime: callar para ver.
- La naturaleza como templo de la filosofía: pastoral para incrédulos.
- Guía de campo para el turista espiritual: las nuevas manifestaciones de la fe.
- Por qué es más importante dudar que creer.
La metafísica de los jardines: entre Arcadia y Utopía.
Empezaremos el curso preguntándonos por qué los seres humanos han sentido la necesidad de construir jardines a lo largo de su historia. Estos espacios cultivados no son únicamente una realización material sino también una creación intelectual, una obra de arte viva. Constituyen, de hecho, uno de los más sofisticados medios de expresión cultural. En ellos reverberan nuestros ideales éticos, estéticos y políticos. Los paraísos terrestres que construimos concuerdan con nuestros valores y aspiraciones, y revelan nuestra contradictoria y ambivalente relación con la naturaleza y nuestra escurridiza concepción de una buena vida.
El jardín como metáfora visual del bienestar y el bienser.
Los jardines están asociados en la mente de las personas a vivencias como el reposo, el silencio, la serenidad y otros ingredientes imprescindibles en la receta del bienestar y del bienser. Sea cual sea esta, hay una corriente subterránea, un vínculo secreto que une la felicidad con los huertos y jardines desde los inicios de la civilización (Paraíso Terrenal, Edén, Campos Elíseos, Jardín de las delicias…), y que convierte a estos en islas de perfección, fragmentos del paraíso, oasis de verdor. Se podría decir de la experiencia del jardín, lo que Epicuro escribió de la filosofía: contribuye a la salud del cuerpo y del alma.
Humus, humano y humildad: enseñanzas de hoja perenne.
Los tres conceptos (humus, humano y humildad) tienen una misma raíz, que emparenta el cultivo de uno mismo con el de la tierra. Además de una obra de arte viva o tal vez por eso mismo, el jardín ha sido y es una escuela de sabiduría práctica. Todo el que se haya afanado por transformar un trozo de tierra en un vergel sabe que cultivar requiere grandes dosis de paciencia, no menos perseverancia y, por supuesto, gratitud, humildad y serenidad, todas ellas virtudes imprescindibles para tener una buena vida.
Redescubrir la experiencia contemplativa en la naturaleza: jardinosofía.
El milagro de la resurrección acontece a diario en el jardín: una semilla germina, una rama reverdece, las hojas brotan de nuevo. El mundo vegetal es una fuente de constante asombro, donde el pasado revive en el presente una y otra vez. Redescubrir la vida contemplativa en la naturaleza nos conforta y cura de la herida del tiempo, y mantiene viva la esperanza de renacer. Poco importa si eres creyente o escéptico, la utopía poética del jardín permite intuir lo divino en lo terreno y la presencia de los sobrenatural en lo natural.
El jardín de los muertos: el olvidado arte de criar malvas.
Está claro que la cultura contemporánea mantiene un pesado y clamoroso silencio sobre la muerte y todo cuanto la rodea, que esta se ha convertido en el gran tabú de nuestra sociedad caracterizada por idolatrar la juventud y reverenciar la salud. Hoy como ayer, y probablemente mañana, los humanos han imaginado la otra vida, el más allá, el mundo de ultratumba con la forma de un vergel más o menos florido y exuberante. El diseño de esos paraísos celestiales, empíreos, elíseos, jardines de las delicias… ha variado según la época en consonancia con las mutaciones del gusto y las exigencias de la estética vigente en cada momento histórico.
Milenarismo climático y escatología cristiana: fantasías distópicas y ecocidio.
Cada vez resulta más difícil imaginar el futuro sin visualizar escenarios de pesadilla. La distopía ha colonizado nuestro imaginario colectivo y ha secuestrado la esperanza. En los anuncios de los profetas contemporáneos del colapso climático y el ocaso del capitalismo fósil resuenan los ecos de una tradición milenarista que se pierde en la noche de los tiempos. Antaño como hoy sus predicciones anuncian el final de los tiempos por culpa de nuestros muchos pecados y la inminente advenimiento de otro mundo.
El jardín planetario y la cosmovisión biocéntrica.
Sabernos emparentados genéticamente con todo lo viviente nos debería servir de cura de humildad y prevenir contra la perniciosa arrogancia de sentirnos superiores. El compartir el ADN con los otros habitantes del planeta nos arraiga y religa, pero también comporta una gran responsabilidad. Todos estamos emparentados genéticamente y entramados simbióticamente. Formamos parte de una misma red de interconexiones sin centro de mando ni límites definidos. Debemos extraer de esta evidencia científica una lección espiritual tan consoladora como exigente: porque no estamos solos en este mundo, estamos obligados a cuidar de los que nos cuidan.
La ecología como religión laica emergente: verdo-latría y ecotopía.
La crisis espiritual de nuestro tiempo se plantea en términos ecológicos. El calentamiento global representa nuestro particular infierno. Una de las religiones laicas emergentes es sin género de duda el ecologismo. El sentido de pertenencia a la Tierra ofrece un principio de esperanza y salvación de la entropía climática a sus seguidores, entre los que me encuentro. Frente al materialismo reduccionista y el cientifismo desalmado, celebra la sacralidad del mundo natural y una relación umbilical con el planeta.
La experiencia de lo sublime: callar para ver.
Basta focalizar la atención en algo para que se torne infinito y nos invada el vértigo de la eternidad. Cuidar con esmero y a conciencia de las plantas que crecen en nuestro jardín, huerto o alféizar de la ventana nos ayuda a suspender el pensamiento, vaciar la mente, concentrarnos en el instante presente sin la ansiosa espera de bienes o males futuros. Nos brinda la ocasión de desenmismarnos, practicar la contemplación activa y encontrar en nosotros la calma y la quietud. Puede ser una forma de plegaria y meditación, de pensamiento encarnado.
El bosque como templo de la filosofía: pastoral para incrédulos.
Nos cuesta entender que la naturaleza no es una realidad física sino una pura abstracción humana. Tal vez la más sofisticada y sublime invención cultural de los sapiens, que les ha permitido desarrollar una comprensión racional del universo y del lugar que ocupan en él. Tendemos a olvidar que la noción de physis, es decir, de una naturaleza gobernada por leyes es una idea filosófica nacida en la antigua Grecia como contraposición al mundo sobrenatural de los dioses, que impulsó el paso del mito al logos o, para decirlo más claramente, el comienzo del pensamiento racional.
Guía de campo para el turista espiritual: las nuevas manifestaciones de la fe.
Si ya no parece posible una revolución, acaso sea porque gran parte de la ira social se canaliza hacia la búsqueda de soluciones individuales a los conflictos colectivos, cuando no encuentra una válvula de escape en el adocenado entretenimiento de masas y la ilusión parpadeante de las pantallas. En vez de cuestionar la ideología dominante y los mandatos sociales que nos enferman, una gran mayoría asume que debe centrar sus preocupaciones en sí mismo. Ya que no parece factible cambiar las cosas, no pocas personas optan por transformarse a sí mismas y siguen alguna de las muchas terapias psicoespirituales en boga, destinadas a hacer más llevadero el esfuerzo de vivir.
Por qué es más importante dudar que creer.
Todos sabemos para qué sirve el dinero, pero no qué ganancias nos reporta mantener una viva curiosidad y razonar. Y, sin embargo, nada es más útil y rentable que ser dueños de nuestra mente en lugar de esclavos de ideas ajenas y expectativas ilusorias. Hasta la más desinformada y conformista de las personas sabe que, si no piensas, otro lo hará por ti. Si queremos recuperar la confianza en el poder liberador de la educación, no basta con enseñar destrezas. También hay que educar en el derecho a discrepar y el deber de dudar.
Recursos adicionales:

Conferencia:
Polémica Vegetal ¿Tienen las plantas inteligencia y sensibilidad?
Participantes:
Santiago Beruete (Antropólogo y filósofo) y Paco Calvo (Catedrático de Filosofía de la Ciencia y Director del Minimal Intelligence Lab, Universidad de Murcia)
Coordinadores:
Fernando Calderón (Profesor de Filosofía, UVa) y Carlos de Castro Carranza (Profesor de Física e Historia de la Ciencia, UVa)
Día: 17 de noviembre de 2023
Lugar: Aula Triste del Palacio de Santa Cruz, Universidad de Valladolid
VALLADOLID PIENSA: POLÉMICA VEGETAL ¿TIENEN LAS PLANTAS INTELIGENCIA Y SENSIBILIDAD? – YouTube
El Punto Ciego. David Goleman.
Un penetrante análisis de las diversas formas de autoengaño para protegernos de la ansiedad, el fracaso y el dolor.
Goleman encuentra evidencias de ello en todos los niveles: desde la actividad mental individual a la dinámica de toda una sociedad. Así entendido, el autoengaño ha de considerarse un mecanismo psicológico de defensa contra los dolorosos embates del mundo exterior.
El cerebro humano es capaz de filtrar selectivamente la información que recibe, y de esa manera disminuye la conciencia de la memoria y las percepciones negativas. Este mecanismo crea un punto ciego que bloquea la atención y disminuye el impacto de las decepciones. Pero aunque el autoengaño es en la mayoría de las ocasiones beneficioso para la estabilidad psíquica y emocional ya que su función es precisamente preservarla, a veces puede ser peligroso y perjudicial, tanto a nivel individual como social.

