Canto Contemplativo en AdD
Donde hay música devocional, Dios siempre se hace presente con su gracia.
(J. S. Bach)
Al igual que sucede con el silencio que nos congrega, la música es un idioma universal. Ambos -silencio y música- propician la comunión y ambos, por ello, nos invitan a encontrarnos con Dios.
Nuestra práctica meditativa, esencialmente silenciosa, se puede enriquecer con algunos cantos, que pueden ayudarnos a entrar o a salir de ella. Confiamos en que, cantando a una sola voz -lo que es un auténtico ejercicio espiritual-, nos sintamos también un solo cuerpo y, sobre todo, un solo corazón.
No se trata, evidentemente, de forzar nuestra voz o de alcanzar cotas de perfección técnica -aunque adelante quienes estén llamados a ello o puedan-; pero sí, en cambio, de ser conscientes de la propia voz y de trabajar, aunque de manera modesta, tanto las letras de los cantos cuanto sus melodías, todas sencillas. Descubriremos en este camino cómo, al igual que la respiración es capital a la hora de meditar, también lo es a la hora de cantar, y cómo ambas actividades tienen una afinidad mucho mayor de la que de entrada cabe imaginar. No en vano, lo que sustancialmente hacen los monjes y las monjas en los monasterios católicos es, precisamente, cantar: eso es lo que les predispone al silencio.
Cantamos con el cuerpo, cantamos respirando, cantamos -si se trata de cantos religiosos- orientándonos a Dios. Es así, con esta actitud de ofrecimiento y escucha, como nos situamos en su Presencia. Tanto el silencio como la música, cuando son practicados adecuadamente, bajan al corazón y alimentan el alma. Así que la música es también, para los Amigos del desierto, un lugar de encuentro con la revelación divina y, por tanto, con lo mejor de nosotros mismos.
Pablo de la Amistad
CÓMO PREPARARSE PARA EL CANTO ANTES DE MEDITAR
- Siéntate en tu posición habitual de meditación, con la espalda erguida y los isquiones bien anclados, y visualiza un hilo invisible que tira de tu coronilla hacia arriba.
- Mantén la boca semiabierta y la mandíbula relajada. Asimismo, el pecho y el plexo solar deben permanecer relajados, “abiertos” y “expandidos”.
- Coloca las palmas de las manos hacia arriba, apoyando su dorso sobre tus piernas según sea tu postura de meditación.
- Inhala y exhala suavemente tres veces realizando una respiración abdominal o diafragmática; durante este paso puedes colocar las manos sobre el abdomen para sentir como cómo éste se llena de aire.
- Pon tu atención en el centro energético del corazón con la intención de que todo lo que hacemos tiene un propósito de Amor. Posteriormente, identifica la vocal “A” con tu corazón.
- Canta la vocal “A” en tu propio volumen y tono (agudo, medio o grave). Inhala profundamente y durante la exhalación canta la vocal, manteniendo su sonido hasta que agotes el aire. Durante este paso, puedes tocar con tus manos la zona del corazón para notar su latido, o bien, la garganta para notar tu propia vibración y guardarla en el corazón.
- Repite tres veces, pausadamente, el canto de la vocal “A”.
- Pide asistencia al Espíritu Santo para ponerte en presencia de Dios y ofrecerle a continuación tu canto de entrada antes de meditar.
- Entona el canto de entrada del modo más consciente posible. Canta dos veces las estrofas del canto y la tercera vez entona la misma melodía únicamente con el sonido “mm”.
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