El hesicasmo (del término hesychia) es la búsqueda de la paz por medio de la quietud. Se trata de una corriente espiritual que, dentro de la tradición cristiana oriental, va del siglo IV, aproximadamente, hasta el XVIII, momento en que pasa a Occidente. El hesicasmo da la primacía a lo pneumático y carismático sobre lo jerárquico e institucional; también a la contemplación sobre la teología y sobre la acción. Esta tradición, inicialmente eremítica y más tarde cenobítica, se mantiene todavía hoy entre los ortodoxos, particularmente en el Monte Athos.
Los hesicastas fueron acusados en su día de quietismo y de subjetivismo, imputaciones a las que, de un modo u otro, siempre han tenido que hacer frente los movimientos netamente espirituales. Y se defendió poniendo de manifiesto cómo su práctica les conducía al ejercicio de la caridad y a la recta doctrina. El movimiento hesicasta reapareció en el siglo XVIII, cuando un monje de Athos hizo editar la Filocalia, un compendio de textos sobre el poder de la recitación del nombre y de la atención al corazón. Gracias a esta publicación, el hesicasmo se extendió a Rusia, para de ahí pasar a Occidente gracias a otro libro, El peregrino ruso.
Se ha dicho que el hesicasmo constituye algo así como la contrapartida cristiana del yoga, pues sitúa la exploración de la interioridad en relación con la corporeidad (en particular con la quietud y la respiración). Porque conjuga las tres dimensiones de la persona y por la fuerza que le da su simplicidad, esta oración es hoy, seguramente, capaz de entusiasmar de nuevo a los buscadores del espíritu.
