Las actitudes esenciales para el meditador son dos: la constancia y la humildad.
Constancia, para introducir esta práctica todos los días al menos en una sentada de 25 minutos.
Humildad, para seguir las pautas que se proponen en una determinada tradición.
Sin una actitud discipular, no es posible emprender un camino espiritual.

10 PASOS PARA MEDITAR

Siéntate con la espalda erguida y el mentón metido; visualiza un hilo invisible tirando de tu coronilla hacia arriba.
Coloca las palmas de las manos enfrentadas, sea a la altura del pecho o apoyadas en las piernas.
Di en tu interior: “Este tiempo te lo entrego a ti, Señor. Es mi humilde obsequio”.
Relaja lentamente tu cuerpo de arriba abajo, imaginando que de la cabeza a los pies te va bañando un líquido tibio, brillante y agradable.
Sigue el ritmo natural y regular de tu respiración, sin forzarlo; quizá pueda ayudarte contar el número de respiraciones del 1 al 10 y vuelta a comenzar.
Pon tu atención en el centro de la palma de tus manos; acaso percibas el cordón de energía que las une.
Si te vienen pensamientos, sentimientos, imágenes o distracciones, déjalos pasar sin enfadarte, sino sonriéndoles por dentro.
Repite la palabra “Sí” al espirar, enviándola al centro de la tierra; o bien la invocación “Cristo Jesús”: “Cristo” al inspirar y “Jesús” al espirar.
Mantén tu atención amorosamente sólo en estos tres pilares: la respiración, el centro de la palma de tus manos y el nombre de Jesús.
Tras media hora de silencio y quietud reza la oración del abandono de Charles de Foucauld.
QUIERO ASISTIR A UN RETIRO

Lo esencial es la rectitud de intención o pureza del corazón.

Meditar no es difícil, lo difícil es querer meditar. Las actitudes básicas son la apertura y la escucha interior. Meditar no es una simple técnica, es un arte y, como tal, requiere entrega, paciencia y confianza.

Todas las tradiciones meditativas cultivan la respiración. Algunas focalizan su atención en los orificios nasales, en el frescor de la inspiración y el calor de la espiración. Otras se centran en el movimiento del abdomen. Nosotros seguimos el recorrido completo de la respiración: desde que el aire entra y sube por el tabique nasal hasta que llega a la región abdominal, pasando por la garganta, la laringe, la faringe, la tráquea y los pulmones. Quien está en la percepción, no está en la reflexión. Spiritus tiene la misma raíz etimológica que spirare, ‘respirar’. Al respirar conscientemente entramos, aun sin saberlo, en el círculo virtuoso del dar y del recibir.

Las manos, y en particular el centro de las palmas, son un poderoso centro energético, algo demostrado tanto naturalmente (las manos acuden espontáneas allí donde hay dolor) como culturalmente (en Occidente nos saludamos estrechándonos las manos o abrazándonos). Al fondo silencioso que nos constituye accedemos por medio de las formas que somos: cuerpo y lenguaje. El anclaje corporal de los Amigos del Desierto son las manos, cuyas palmas colocamos siempre enfrentadas, sea en el regazo, a la altura del abdomen, sea a la altura del corazón, unidas, en la clásica postura de la oración cristiana —que ayuda al recogimiento—, o separadas, tal y como los sacerdotes las colocan para la celebración eucarística.

El anclaje verbal es el mantra o palabra de oración, que recitamos atenta y amorosamente. Mantra es una palabra indoeuropea constituida por dos partículas: “man”, ‘mente’, y “tra”, ‘instrumento’. El mantra es un instrumento para trabajar la mente: por medio de una sola palabra nos limpiamos y vaciamos de todas las demás. Proponemos tres posibles mantras a elegir uno, que nunca se debe cambiar: “Cristo-Jesús” (“Cristo” en la inspiración y “Jesús” en la espiración; inspiramos la divinidad y espiramos la humanidad); “Maranathá” (el más antiguo mantra cristiano, que significa ‘Ven, Señor’); o, simplemente, la palabra “Sí”, al espirar, como mandando ese sí al centro de la tierra. El mantra funciona a tres niveles o fases: recitar, escuchar y ser el mantra. A nosotros corresponden las dos primeras, que alternamos repetidamente, cuidando que nuestra repetición no degenere en rutina, sino que se convierta en un sencillo y noble ritual.

RECURSOS PARA LA MEDITACIÓN

Palabra

Textos –para leer y/o descargar– con los que trabajamos en el seminario semanal.

Bibliografía

Conversaciones sobre la oración. Salamanca: Sígueme, 2013.
Libros:
El amigo del desierto. Barcelona: Anagrama, 2009.
Biografía del silencio. Madrid: Siruela, 2012.
El olvido de sí. Valencia: Pre-textos, 2013.

Artículos:
La alegría del ser“. Vida Nueva, nº 2.884 (2015).

Todo lo espiritual es sencillo“. Vida nueva, nº 2940 (2015).

La libertad, sólo la libertad“. Carta de Pentecostés (2015).

La redención del rito“. Vida nueva, nº 2947 (2015).

El fundamento de la confianza“. La Tercera de ABC, (2015).

También las mariposas“. Vigilia de Navidad, (2016).

A lo que hay que convertirse es a la vida“. Vigilia de Ceniza, (2016).

Vivimos en una sociedad que necesita parar“. El norte de Castilla, (2017).

Marcas en el camino. Valencia: Trotta, 2009.
Libros:
Ejercicios de contemplación: introducción a la vida contemplativa y a la invocación de Jesús. Salamanca: Sígueme, 1998.
El camino de la contemplación. Buenos Aires: Paulinas, 2006.
Jesús, maestro de meditación. España-PPC, 2015.

Artículos:
La fase contemplativa de los Ejercicios ignacianos“. Ignaciana nº 16 (2013).

La paz como camino de encuentro“. Carta Obsur nº 9 (2011).

Una palabra hecha silencio. Salamanca: Sígueme, 2008.
El camino de la meditación: Momento de Cristo. Miami: ConviviumPress, 2009.
La montaña de los siete círculos. Barcelona: Edhasa, 2008.
Mística para una nueva era. Desclee de Brouwer, 2003.
Elogio de la sencillez. Verbo Divino, 1993.
La práctica del misticismo. Trotta, 2015.

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